La iniciativa «Voces Digitales contra la Polarización» buscó abrir, en el marco de las Elecciones Generales 2026, una conversación distinta frente a la polarización, el racismo digital, la violencia de género en línea y la desinformación electoral que afectan de manera particular a quienes votan por primera vez. Para ello, el IEP trabajó junto a jóvenes creadores de contenido de Lima, Ayacucho y Piura en un proceso participativo de co-creación que articuló tres roles complementarios: el rigor metodológico y la evidencia del Instituto —apoyado en estudios previos sobre los nuevos electores, como Elecciones Generales: entre nuevos y futuros electores (2026)—, la voz y el alcance regional de creadoras y creadores aliados, y las narrativas situadas de jóvenes participantes de cada región. Como parte del proceso se realizaron talleres regionales para escuchar a las y los jóvenes y recoger sus opiniones sobre el tema; ese fue el material con el que trabajaron los creadores. De allí surgieron los videos cortos para redes sociales producidos por los creadores aliados Yanira Ccencho (Ayacucho), Eduardo Pinillos (Lima) y Santiago Ruiz (Piura), orientados a fortalecer capacidades locales para narrar las diferencias políticas sin convertirlas en enemistad, descalificación o discriminación. En esta página se encontrarán los videos producidos en el marco de la iniciativa.
Los principales aprendizajes confirman que los productos comunicacionales (videos cortos para redes sociales) funcionan mejor como medios de un proceso participativo que como fines en sí mismos: su valor reside en la deliberación y el fortalecimiento de capacidades que los hacen posibles. La experiencia muestra, primero, la importancia de co-construir los mensajes con creadores enraizados en cada territorio, cuya cercanía con las audiencias jóvenes amplía el alcance y la legitimidad de las contranarrativas; segundo, la necesidad de distinguir la voz institucional —mesurada, seria y accesible— de la voz en primera persona de cada creador, preservando la autenticidad de ambas; y tercero, el potencial de articular evidencia, creación digital y participación juvenil como una cadena de producción que no solo difunde contenidos, sino que deja capacidad instalada en las regiones para sostener un debate público más plural y respetuoso de la diversidad.
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