Antonio Zapata: «Dónde está la izquierda»

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Los resultados electorales de Lima han sido desalentadores para las fuerzas de izquierda. Tierra y Dignidad quedó quinto de seis participantes y el Partido Humanista fue el último.

Nuevamente divididas, esta vez entre izquierda y centro-izquierda, las fuerzas progresistas han ocupado la cola de las opciones políticas. ¿A qué se debe tan triste situación?

En primer lugar a la falta de bases organizadas. Los partidos existentes han hecho poco trabajo de organización de la sociedad civil. Apenas son unos cuantos militantes que se reúnen para hablar de política sin hacer realmente nada trascendente. No participan de la acción concreta cotidiana ni tampoco de los debates de fondo sobre el destino del país.

Los congresos son decepcionantes. Se discute vaguedades y se arman peleas tremendas alrededor de puntos menores y bastante obvios. Un reciente congreso ha pasado horas debatiendo su puesto en el espectro, cuando hasta el más despistado lo ubica en la izquierda radical y ecologista. Así estamos.

Pero, lo más grave es que no estamos organizados. El llamado Frente Amplio, FA, no ha creado ninguna base territorial o funcional. No existe comité en alguna provincia o distrito, ni tampoco en organizaciones gremiales o profesionales. El FA es una reunión de las cúpulas de esos micropartidos casi ausentes de las organizaciones sociales. Cuando las bases han querido formar comités del FA, han sido frenadas por los propios partidos, aduciendo que falta algo por resolver en las alturas.

Así, constituye una repetición de los vicios de Izquierda Unida de los 1980, solo que los partidos de esa época eran de mayores dimensiones. Pero, el razonamiento base es el mismo y lleva a la derrota, no se organiza la base popular del frente único, sino que se fortalecen los partidos que lo integran. Ellos compiten entre sí y no dan paso a personas independientes, que podrían darle un carácter menos sectario al proyecto.

El segundo tema es que carecemos de un programa. No hay una Gran Transformación ni siquiera una Hoja de Ruta. Es decir, la izquierda es un sentimiento, pero los líderes no plantean una idea concreta sobre el Perú de hoy y por dónde conducirlo. No hay una plataforma que desarrolle con sencillez las propuestas de justicia social, respeto a la naturaleza, fortalecimiento de la nación y defensa de la democracia. Por ello es tan difícil hacer alianzas. No se sabe alrededor de qué.

En las últimas elecciones se bloqueó la posible alianza entre Tierra y Dignidad y el Partido Humanista. Como no había plataforma política para armar un entendimiento, discutieron sobre el pasado. Entonces, era imposible la alianza entre el ecologismo radical con el primer ministro de Bagua. Pero, ese es el ayer y nos importa a los historiadores. Mientras que, las alianzas políticas se hacen pensando en el presente y orientadas al mañana. Lo único que puede orientar al político es poseer un programa, un diseño de país ideal y un camino para lograrlo.

Un tercer punto es definir candidato(as). No se puede insistir en figuras gastadas de otras épocas. Necesitamos jóvenes que hablen el lenguaje de hoy y conozcan los nuevos métodos de comunicación masivos. Otro asunto es la capacidad de gestión. Nuestros líderes deben mostrar conocimiento del Estado y de sus herramientas. Inútil insistir en personalidades protagonistas de gestiones poco eficientes, que más bien serán la pesada mochila a cargar.

Aunque, aún hay razones para un moderado optimismo. Al fin y al cabo por Tierra y Dignidad han votado 300.000 ciudadanos y si se suman los del Partido Humanista alcanzan medio millón. Si se lograra organizar al 1%, se tendría una coalición electoral respaldada por 5.000 militantes en Lima. No es imposible de conseguir, basta animarse a formar comités y apostar por la renovación desde abajo.

Si me permiten tres recomendaciones para el próximo año diría: organización de bases, programa político y llamamiento a una coalición amplia, de la izquierda hacia el centro.

Fuente: La República (04/12/2013)