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Comentarios de Jorge Lossio sobre el libro EL MATEMATICO IMPACIENTE de Raúl Hernández

Comentarios de Jorge Lossio sobre el libro EL MATEMATICO IMPACIENTE. LA CONDAMINE, LAS PIRÁMIDES DE QUITO Y LA CIENCIA ILUSTRADA(1740-1751) de Raúl Hernández, presentadas en la Mesa Verde del 5 de Mayo del 2009

El Matemático Impaciente es un aporte valioso por muchas razones. Personalmente lo que encuentro más interesante es que ha logrado juntar muchos de los postulados más controversiales y originales de la nueva historia de la ciencia en un solo texto. Y lo ha hecho además de forma muy entretenida. La historia articulada en torno a la Expedición de La Condamine y las pirámides de Yaquri, por momentos parece más un libro de aventuras, con conspiraciones, asesinatos, y acusaciones de contrabando.

Tradicionalmente se ha presentado la labor científica como absolutamente neutral, es decir, ajena a intereses políticos o económicos; de carácter universal, sin particularidades regionales o nacionales; y al científico como un estudioso que produce sus conocimientos aislado en su laboratorio, viviendo ajeno a las intrigas o condicionantes sociales. Esta fue la imagen que los mismos científicos y la historia tradicional de la ciencia se encargaron de construir. El Matemático Impaciente desarma esta imagen y muestra de forma contundente como históricamente la actividad científica ha estado imbuida de condicionantes políticos, rivalidades nacionalistas, e intereses personales. Es decir, la ciencia no se puede entender sin conocer los contextos sociales y políticos en los que se produce. La ciencia como cualquier otra actividad humana tiene historia y depende de sus condicionantes históricos.

Dentro de los múltiples temas que aborda el Matemático Impaciente hay tres que quiero rescatar. El primero es el de las controversias. Hay la idea que cuando surge una controversia científica simplemente prevalece, por una cuestión natural, el postulado que presenta los argumentos más sólidos. El caso de La Condamine muestra una historia totalmente distinta. Muestra como históricamente las disputas científicas se han ganado apelando a armas y estrategias mucho más amplias. Por ejemplo, utilizando las redes sociales y contactos dentro de los círculos de poder, apelando a la opinión pública, o destruyendo la credibilidad del adversario.

Es lo que hace La Condamine cuando escribe sus tratados novelados minimizando la labor de los españoles, o lo que hace Maupertis cuando critica a sus contrincantes en espacios informales de ciencia: cafés o salones literarios. Como bien muestra el texto, la credibilidad del científico ha sido un asunto central para resolver disputas académicas. Credibilidad que históricamente ha dependido del origen social del científico, de su pertenencia a la nobleza o las clases altas, o de su cercanía a los centros de poder. No se trata pues de quien presenta los argumentos más sólidos, sino de quien los presenta y de su ubicación en las esferas de poder, algo que probablemente no ha cambiado del todo.

El segundo tema que me pareció sumamente interesante es el de la globalización de la ciencia occidental. En particular la relación entre ciencia y política. El autor muestra como los contextos políticos locales fueron determinantes en el tipo de recepción que recibieron los científicos europeos y en la disposición a aceptar sus legados. Las reformas borbónicas marcaron una actitud negativa de los criollos y políticos locales hacia todo lo que venía de Europa, incluyendo su ciencia. Sin embargo, la Expedición fue posteriormente reivindicada para construir identidad nacional en Quito y para reafirmar la existencia de una cultura científica quiteña.

Casos similares se pueden hallar también en otros contextos. Muchas ideas provenientes de España, tales como el uso del mercurio para tratar algunas enfermedades o inventarios de flora y fauna americana, fueron rechazadas en las Américas durante la post-Independencia por el rechazo general que existía hacia todo lo metropolitano en dichos años. O en el caso de Darwin, por ejemplo, ahora que celebramos su bicentenario, sus ideas también fueron aceptadas o rechazadas de acuerdo a los contextos políticos locales. En el sur de los Estados Unidos fueron rechazadas por no considerarse lo suficientemente racistas, pues Darwin hablaba del origen único de los seres humanos.

En otro extremo del mundo, en Nueva Zelandia, las ideas darwinistas fueron inmediatamente incorporadas por las elites locales pues permitió justificar el exterminio de los Maorís. Lo cual muestra como la globalización y recepción de los conocimientos científicos europeos en países no occidentales ha estado estrechamente vinculado a los contextos políticos y nacionales locales.

Se me hizo sumamente interesante también el trabajo posterior de La Condamine de reconstruir la historia y logros de la Expedición como un medio de alcanzar prestigio científico. Interesante porque Raúl nos muestra como las narrativas posteriores pueden resultar tan o más importantes que los mismos logros alcanzados en el campo de trabajo para consolidar una carrera científica. Y en dicha reconstrucción posterior se ven claramente los afanes nacionalistas y la búsqueda de gloria personal, que son parte también de las motivaciones del quehacer científico.

Finalmente agradecer nuevamente a Raúl por su excelente texto, que estoy seguro resultará muy útil a los estudiantes interesados en temas de historia de la ciencia, e invitarlo a proseguir algunos temas que aparecen en el texto pero que podrían a futuro extenderse aún más, tales como la relación entre ciencia e Iglesia, un tema muy poco trabajado en el caso peruano, o las interacciones entre investigadores locales y poblaciones nativas con científicos europeos en el contexto tal vez de otras Expediciones que se puedan trabajar a futuro.