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Cuando los economistas alcanzaron el poder, por Rolando Rojas

Lee la columna de nuestro investigador  en el portal Gran Angular ► https://bit.ly/2QjyqNd

El libro de Mariana Heredia, Cuando los economistas alcanzaron el poder1, es una buena oportunidad para observar nuestra trayectoria neoliberal en el espejo argentino. La autora revisa críticamente el “ajuste económico” de los años noventa del siglo pasado y, particularmente, sus consecuencias en el mundo de la política y de la esfera cultural. En la narrativa de Heredia, el neoliberalismo aparece no solo como una manera de organizar la economía, sino también como una experiencia radical de reestructurar la sociedad, estableciendo una suerte “episteme neoliberal” desde el cual se comprende y se actúa sobre la realidad. Heredia plantea interpretaciones potentes, pero vamos a comentar solo en tres de ellas, debido a los límites de este artículo.

La primera cuestión tiene que ver con los significados del paso de las políticas keynesianas a los programas ortodoxos. Aquí debemos resaltar que la aplicación de políticas desarrollistas entre el fin de la II Guerra Mundial y la crisis del petróleo de 1973, ocurrió en un contexto de crecimiento económico internacional, expansión del empleo formal, desarrollo de las manufacturas y presión de los sectores populares movilizados. En esta situación, los efectos de la inflación, por lo común de dos dígitos mensuales, eran compensados por los otros indicadores económicos y sociales. Luego viene un período de transición que corresponde a la segunda mitad de los setenta y particularmente a los años ochenta, cuando la economía se contrae, se cierran fábricas y aumenta vertiginosamente el desempleo. Es en este período de transición, debido a los terribles efectos de la hiperinflación en la economía popular, que la adopción de políticas de ajuste se va imponiendo como un camino “inevitable”.

Ahora bien, debemos señalar que las políticas desarrollistas eran congruentes con una agenda de “problemas nacionales”, como la expansión de la educación, la construcción de vías de comunicación, programas de vivienda y otros derechos sociales considerados como elementos que afianzaban a la nación argentina. Aunque no está planteado explícitamente, el texto de Heredia sugiere que la insistencia de políticas desarrollistas en un período de recesión creó las condiciones para su propia destrucción. Los terribles efectos de la hiperinflación prepararon a la sociedad para aceptar una política shock y el paquete de reformas neoliberales: apertura comercial, privatizaciones, reducción del gasto público y de la burocracia, entre otros, que cambiaron radicalmente a la sociedad argentina porque estas reformas vinieron acompañadas de flexibilidad laboral, de la decadencia de las organizaciones de trabajadores y del tejido social. Así, la sociedad adquirió un perfil de sociedad de consumidores.

Pasemos a la segunda cuestión: las consecuencias socioculturales del programa neoliberal. De un lado, el cambio del lenguaje y del imaginario económico en la opinión pública: los términos desarrollo, promoción de las industrias, derechos sociales y nación, son reemplazados por el de mercado, flexibilización laboral, grado de inversión y consumidores; asimismo, la adopción de sobreentendidos: equilibrio fiscal siempre querrá decir que se recortarán los programas sociales y el presupuesto destinado a las universidades u hospitales. De otro lado, la consagración de la palabra de los expertos que proviene principalmente de los medios de comunicación y de los sectores empresariales, antes que de los sectores populares. En efecto, cuando estos expertos, como Domingo Cavallo, fundaron sus partidos políticos y participaron en elecciones, solo pudieron obtener un tercer lugar. Es decir, su influencia estaba en los agentes del establishment, antes que en el votante argentino. Ya sabemos cómo le fue aquí a Carlos Boloña cuando postuló a la presidencia en el 2001. Por último, la mencionada episteme neoliberal desde la cual se deciden las prioridades y las políticas públicas: por ejemplo, la inversión en educación o salud se establece no por las necesidades del sector, sino porque estas inversiones pueden o no demandar el incremento del gasto público y de la recaudación fiscal. Es decir, la custodia del esquema económico marca el devenir de los otros sectores.

La tercera cuestión son las relaciones entre las reformas económicas y la representación política. El orden neoliberal no solo significó el retraimiento del Estado en la economía, como lo pone de manifiesto las privatizaciones de las empresas públicas y el marco favorable a la inversión privada, sino también la disolución de los lazos entre Estado y sociedad que funcionaban como canales para procesar los intereses sociales. Por ejemplo, los sindicatos de las empresas públicas, muchas de ellas las más combativas, marcaban la pauta del sindicalismo en buena parte del sector privado. Las privatizaciones y la denominada flexibilización laboral significaron la decadencia de los sindicatos que eran espacios de socialización política de los sectores populares. Así, las nuevas generaciones de trabajadores se caracterizarán por su baja formación política. Como contraparte al retraimiento del Estado, el discurso individualista que permeó el conjunto de la sociedad, tendió a explorar salidas particulares, a aprovechar las oportunidades que brindaba el mercado, con lo cual se reforzaba el abandono estatal de generar lazos colectivos y procesos de construcción de lo nacional.
Como puede apreciarse, el parecido con el proceso peruano es más que evidente.