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Cuánto trabajo hace falta para bajar la pobreza, por Carolina Trivelli

Lee la columna de nuestra investigadora principal, Carolina Trivelli ► https://bit.ly/2SfkIPB

La pobreza en el Perú ha dejado de reducirse y, si bien hemos avanzado mucho en los últimos años, aún tenemos que hacer un esfuerzo adicional para retomar la senda de reducción de la pobreza y eliminar la pobreza extrema.

Haciendo un ejercicio simplista pero útil para ilustrar cuán cerca estamos de lograr reducciones importantes en las cifras de pobreza, podemos simular qué pasaría con la pobreza si algún miembro de los hogares en situación de pobreza pudiera trabajar un poco más.

Por ejemplo, si al menos un miembro de cada hogar en situación de pobreza o pobreza extrema trabajara tres meses adicionales –ganando el sueldo mínimo–, la tasa de pobreza podría bajar de 21,7% a 13,2% y la de pobreza extrema de 3,8% a 1,2%; estas tasas nos situarían en un rango similar al de economías como Estados Unidos o Chile.

Tres meses de empleo temporal con sueldo mínimo no parece demasiado, incluso parece posible, tanto porque hacer programas de empleo temporal no es algo nuevo como porque en cerca de la mitad de los hogares en situación de pobreza hay al menos un adulto inactivo laboralmente.

Hay mucha experiencia en programas públicos de empleo temporal acá –en los programas que existen o han existido, hoy concentrados en el Ministerio de Trabajo (MTPE)– y en otros países, donde hay incluso programas de empleo temporal garantizado para los ciudadanos.

En la India y Etiopía hay ejemplos interesantes con evaluaciones que demuestran que estos programas logran impactos positivos de corto plazo y que si cuentan con programas complementarios pueden lograr incluso efectos positivos de largo plazo.

Es cierto que ofrecer tres meses de trabajo temporal a las familias que lo requieran para superar su situación de pobreza implica enormes complejidades operativas que van desde resolver cómo focalizar la oferta de empleo en los hogares correctos, cómo evitar que haya filtraciones y subcobertura, hasta cómo hacer que los individuos no perciban este empleo temporal como un elemento decisivo que cambiará el estado de pobreza de sus hogares.

Hay que discutir cómo definir quiénes serían empleables (y los impactos intrahogar de esta decisión), pero también quiénes serían los empleadores (dónde en el territorio, qué tipo de trabajos, etc.), con qué tipo de contratos, durante cuántas veces o cuántos años se debe proveer esta oportunidad, si deben incluir un componente de capacitación laboral (¿en qué?), etc.

Parece sencillo y obvio, y no lo es, pero tampoco imposible. El ejercicio planteado ayuda a poner en perspectiva el tamaño del desafío de reducir la incidencia de la pobreza y nos lleva a preguntarnos qué hemos aprendido de los programas de empleo temporal que el MTPE implementa, que hoy parecen ser más bien pequeños y estar en proceso de ser recortados.